Gratinado de calabacín sin nata: la receta ligera y jugosa

Gratin de courgettes sans crème doré dans un plat en céramique, une part servie dans une assiette, thym frais et curcuma en poudre
Team Curcuma

Gratinado de calabacín sin nata

Un gratinado de calabacín ligero y jugoso, ligado con huevo y leche, con una pizca de cúrcuma para darle un bonito color dorado.
Tiempo de preparación 20 minutos
Tiempo de cocción 45 minutos
Reposo 30 minutos
Tiempo Total 1 hora 35 minutos
Raciones: 4 personas
Plato: Guarnición, Plato principal
Cocina: Francesa
Calorías: 290

Ingredientes
  

  • 1 kg de calabacines (4 medianos)
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 huevos
  • 150 ml de leche semidesnatada o bebida vegetal
  • 100 g de gruyer rallado o emmental, comté, parmesano
  • 1/2 cucharadita de cúrcuma molida opcional
  • 1 cucharadita de tomillo seco
  • 1 pizca de nuez moscada
  • sal fina y pimienta negra

Preparación
 

  1. Lava los calabacines, córtales los extremos y córtalos en rodajas de medio centímetro. Ponlos en un colador, sálalos y déjalos desaguar 30 minutos; después presiónalos con un paño limpio.
  2. Precalienta el horno a 180 °C (calor arriba y abajo). Corta la cebolla en juliana y pica el ajo.
  3. Calienta el aceite de oliva en una sartén grande. Sofríe la cebolla 3 minutos y añade el calabacín y el ajo. Cocina de 8 a 10 minutos a fuego fuerte, sin tapa, hasta que se evapore el agua. Añade el tomillo y deja templar.
  4. En un bol, bate los huevos con la leche, la mitad del queso, la cúrcuma, la nuez moscada y pimienta. Sala muy poco, porque el calabacín ya tiene sal.
  5. Engrasa una fuente para horno, reparte el calabacín, vierte la mezcla por encima y espolvorea el resto del queso.
  6. Hornea de 30 a 35 minutos, hasta que la superficie esté bien dorada y la mezcla haya cuajado. Deja reposar 5 minutos antes de servir.

Notas

El secreto: desaguar bien el calabacín con sal y saltearlo antes, si no el gratinado suelta agua. Se conserva de 2 a 3 días en la nevera; no se recomienda congelarlo.

Jugoso, dorado y lleno de sabor, el gratinado de calabacín sin nata es la receta perfecta cuando te apetece un plato reconfortante pero nada pesado. Aquí no hay nata: son los huevos, un poco de leche y un buen queso los que ligan el calabacín y le dan esa textura tierna que tanto gusta. En este artículo encontrarás nuestra receta paso a paso, el truco imprescindible para que el gratinado no acabe nadando en agua, las mejores ideas para sustituir la nata, varias variantes y nuestro toque casero: una pizca de cúrcuma.

¿Por qué hacer un gratinado de calabacín sin nata?

La nata espesa aporta mucha grasa: alrededor de un 30 % en una nata entera. En un gratinado de calabacín tiende a tapar el sabor delicado de la verdura. Si la sustituyes por una mezcla de huevos y leche, consigues una base que cuaja en el horno, un poco como un flan, y que deja que el calabacín sea el protagonista.

También es una cuestión de digestión y de equilibrio. El calabacín es una de las verduras más ligeras que existen: contiene alrededor de un 95 % de agua y aporta menos de 20 kilocalorías por cada 100 gramos. Junto con los huevos y el queso rallado, da lugar a un plato completo, rico en proteínas, que puedes servir tanto de guarnición como de plato principal con una ensalada.

Y, por último, es una receta práctica: casi siempre tenemos huevos, leche y un trozo de queso en la nevera. No hace falta salir corriendo a comprar nata para darte un capricho.

El secreto de un gratinado de calabacín que no suelta agua

Es la queja número uno del gratinado de calabacín: lo sacas del horno, lo cortas… y se forma un charco de agua en el fondo de la fuente. La razón es sencilla: el calabacín está lleno de agua y la suelta al cocinarse. Sin nata que la absorba, hay que ocuparse de ella antes de meterlo en el horno. Estos son los tres gestos que marcan la diferencia.

Rodajas de calabacín doradas en la sartén con cebolla y ajo, junto a calabacines salados escurriendo en un colador

1. Desaguar el calabacín con sal

Corta los calabacines en rodajas de medio centímetro más o menos, ponlas en un colador y espolvoréalas con sal fina. Déjalas reposar de 20 a 30 minutos: la sal hace que la verdura suelte el agua. Después basta con presionarlas suavemente con un paño limpio. Como la sal ya ha hecho su trabajo, acuérdate de salar muy poco el resto de la receta.

2. Cocinar antes el calabacín en la sartén

Es el paso que muchos se saltan y, sin embargo, el más eficaz. Saltea las rodajas de 8 a 10 minutos en una sartén grande con un chorrito de aceite de oliva, a fuego fuerte y sin tapa. El agua se evapora, el calabacín se dora ligeramente y gana sabor. Deja que se temple antes de mezclarlo con los huevos, para que estos no se cuajen antes de tiempo.

3. Elegir bien los calabacines

Mejor calabacines pequeños o medianos, bien firmes y de piel brillante. Los grandes tienen más semillas y más agua, y su carne es más sosa. No hace falta pelarlos: la piel aguanta bien la cocción, aporta color y buena parte de la fibra. Si te resulta un poco amarga, puedes quitar una tira de piel sí y otra no.

¿Con qué sustituir la nata en un gratinado?

Nuestra receta usa el dúo de huevos y leche, el más sencillo y económico. Pero hay otras formas de conseguir un gratinado cremoso sin nata:

  • El queso fresco batido o el yogur griego: mezclados con los huevos, dan una textura untuosa y un toque ácido que le va muy bien al calabacín.
  • La ricota: más suave, deja el gratinado muy meloso, con aire italiano.
  • La bebida vegetal: una bebida de avena o de soja sin azúcar sustituye perfectamente a la leche de vaca en una versión sin lactosa (elige entonces un queso adecuado).
  • La bechamel ligera: una bechamel hecha con aceite de oliva en lugar de mantequilla y con leche semidesnatada da un gratinado más «clásico», aunque algo más largo de preparar.

Elijas la opción que elijas, mantén al menos dos o tres huevos: son los que hacen que el gratinado cuaje y se sostenga al cortarlo.

Una pizca de cúrcuma: nuestro toque casero

En Curcuma.top no podemos resistirnos a añadir un poco de la especia dorada. Basta con media cucharadita de cúrcuma molida en la mezcla de huevos. El sabor sigue siendo discreto, ligeramente terroso, pero el color lo cambia todo: el gratinado adquiere un bonito tono dorado, muy apetecible. Añádela siempre con un poco de pimienta negra recién molida, su mejor aliada. Para entender por qué, lee nuestro artículo sobre los beneficios de la cúrcuma y, si dudas entre raíz fresca y polvo, nuestra guía cúrcuma fresca, en polvo o en cápsulas te ayudará a elegir.

Por supuesto, la cúrcuma es opcional: sin ella tendrás un delicioso gratinado de calabacín tradicional.

Nuestras variantes del gratinado de calabacín sin nata

Gratinado de calabacín y tomate

Alterna en la fuente rodajas de calabacín ya salteado y rodajas de tomate, y vierte la mezcla de huevos por encima. Añade tomillo o hierbas provenzales: te acercarás al tian provenzal, pero más goloso.

Gratinado de calabacín con queso de cabra

Sustituye la mitad del queso rallado por un rulo de queso de cabra cortado en rodajas, que colocarás por encima al final. Un hilo de miel antes de hornear y listo.

Gratinado de calabacín y patata

Para un plato más contundente, añade 400 g de patatas cortadas en rodajas finas y cocidas 10 minutos en agua. Alarga la cocción en el horno unos diez minutos.

Gratinado de calabacín con feta y menta

Sustituye el gruyer por 150 g de feta desmenuzado y añade unas hojas de menta picadas. Ojo, el feta es salado: no sales la mezcla de huevos.

¿Con qué acompañar el gratinado de calabacín?

Este gratinado acompaña de maravilla un pescado blanco a la plancha, una pechuga de pollo, unas chuletas de cordero o unas salchichas a la barbacoa. Como plato vegetariano, sírvelo con una ensalada verde bien aliñada, un poco de arroz o de quinoa, o simplemente con una rebanada de pan rústico tostado. También está buenísimo templado, o incluso frío al día siguiente, para un pícnic o un táper.

Conservación: ¿se puede preparar con antelación?

Sí. El gratinado de calabacín sin nata se conserva de 2 a 3 días en la nevera, en un recipiente hermético o en su fuente tapada. Recaliéntalo preferiblemente en el horno, a 160 °C durante 15 minutos, para que mantenga su textura; el microondas también sirve, pero lo deja algo más húmedo. También puedes saltear el calabacín la víspera y preparar la mezcla y hornear justo en el último momento.

En cambio, no se recomienda congelarlo: el calabacín suelta mucha agua al descongelarse y la mezcla de huevos se vuelve granulosa.

Preguntas frecuentes

¿Hay que pelar el calabacín para un gratinado?

No, no es necesario. Lávalo bien y córtale solo los extremos. La piel aporta color, fibra y consistencia.

¿Qué queso elegir?

El gruyer rallado y el emmental funden bien y gratinan de maravilla. El parmesano aporta más sabor con menos cantidad. El comté es un excelente término medio.

¿Cuándo es temporada de calabacín?

En Francia, la plena temporada del calabacín va de junio a septiembre. Es cuando está más sabroso y más barato.